AUSENTE, PERO NO OLVIDADO

Por Richard Seven

Traducción de Jaume Alcalde







ausente01.jpg (38662 bytes)

Un frío viento de primavera se abalanza a través del cementerio Lake View de Capitol Hill, moviendo un sucio trapo que Taky Kimura tiene en sus manos.

El tendero de Seattle ha limpiado por todos los costados los epitafios de las tumbas de Bruce y Brandon Lee, y a ordenado todos los pendientes, flores, monedas, conchas, piedras y corazones de papel que han sido depositados en ellas en las últimas semanas. Da un paso atrás y observa su labor, apoyando su pierna izquierda en un banco de piedra donde reza la siguiente inscripción: "La clave de la inmortalidad es vivir primero una vida que valga la pena recordar".

Bruce Lee, que sólo tenía 32 años cuando murió, es tan recordado, tan inmortal, como siempre. Los visitantes, algunos nacidos después de su muerte, siguen dirigiéndose a la tumba del artista marcial.

ausente03.jpg (50601 bytes)

Para Kimura es importante no sólo que vengan, sino el "porqué" de su visita. ¿Es esta una parada en algún tour de cultura pop o vienen realmente inspirados?.

ausente10.jpg (27827 bytes) La amistad, verdadera y duradera, es lo que mueve a Kimura a venir aquí y ha pasado mucho tiempo de su vida desde la muerte de Bruce cuidando no sólo de su tumba, sino también de su legado. Lee inspiró a Kimura a intentar vivir una vida digna de ser recordada y Kimura, a cambio, está haciendo lo que hacen los amigos. Fue el más intimo amigo de Lee, el padrino de su boda, su primer instructor asistente de gung-fu, su confidente hacia el final cuando Lee finalmente alcanzó la fama que anhelaba pero que desesperadamente se preguntaba en quién podía confiar. Kimura fue uno de los porteadores que llevó el ataúd de Lee a su tumba. Kimura continua con Lee incluso hoy en día, enseñando su arte marcial y la filosofía subyacente para que Lee siga siendo algo más que una figura de acción de dibujos animados de las películas antiguas. Kimura rechazó cobrar dinero cuando dirigió el club de gung-fu de Lee en Seattle a mediados de los 60 y hasta el día de hoy se niega a cobrar.

Un hombre alto y fuerte camina hacia la tumba, inmediatamente este reconoce a Kimura gracias a un documental sobre Lee realizado hace varios años. Kimura no pierde el tiempo; le pregunta al hombre porque ha venido.

La pregunta desconcierta al visitante. Su cara se transforma con tristeza. Balbucea y está nervioso. Claramente hay una historia entera detrás, pero finalmente sólo se dirige a la lápida de Bruce y dice: "A presentar mis respetos".

Kimura le pregunta cuanto sabe acerca del arte marcial de Lee, el Jeet Kune Do.

La respuesta llega. El chico es un kick-boxer de 33 años que ha idolatrado a Lee desde que estaba en tercero. Empieza con los aburridos datos sobre Bruce Lee, sobre cómo la antigua serie de TV, "Kung Fu" fue escrita con Lee en la mente, pero de repente admite que está buscando ayuda. Dice que ha hecho un montón de malas elecciones y despertó sólo después de tener una pistola del calibre 45 ante su cara. Está ahora está buscando madurez y paz mental, dice, a través de las artes marciales y más concretamente a través del mensaje de Lee sobre ser responsable hacia y para con uno mismo.

Kimura, de 74 años y canoso, y tan pequeño como era Bruce, mira directamente al antiguo jugador universitario de fútbol americano. Hace lo que Bruce le hizo a él: Desafía al chico respondiéndole en un tono de hombre a hombre: "Estás diciéndome todo lo correcto, pero ahora has de vivirlo o si no no tendrá sentido, ¿verdad?". El hombre afirma con la cabeza y le pregunta si puede sentarse y charlar con Kimura algún día o incluso quizás pudiese entrenar en su club.

ausente08.jpg (14490 bytes)

Hablan más e intercambian nombres y números de teléfono. El hombre hace una reverencia y se marcha hacia su coche, entusiasmado por el encuentro pero apenado por tener que marcharse. Reaparece en menos de cinco minutos pidiendo más consejos a Kimura. Pasan los siguientes 15 minutos parados a pocos pasos de la tumba de Lee, Kimura hablando y el visitante luchando por contener las lágrimas.

"Eso ocurre bastante a menudo", dice después Kimura. "Yo sólo se lo doy de un modo directo como Bruce hacía. Yo no les ayudo. Bruce lo hace".

ausente06.jpg (26819 bytes) Finalmente Kimura le admite en su club de gung fu, pero sólo después de asegurarse de que entiende que hay más en el alma que el puño.

Cada lunes desde que Bruce murió, Kimura ha abierto el sótano de su tienda de comestibles en Fist Hill y enseñado los principios de la primera filosofía de las artes marciales de Bruce a un grupo selecto de estudiantes. Los carritos de la compra se alinean en una pared. Un altar de pósters y fotografías de Lee se encuentran en la otra. Hombres y mujeres de distinta silueta y nivel se distribuyen a través del suelo y entre las columnas de madera realizando ejercicios calisténicos y de lucha. El lugar se llama Jun Fan Gung Fu Club en memoria del nombre chino de Lee.

Su belleza es su simplicidad. No existen trajes elegantes ni poses de machito. Es informal pero enfocado al asunto. Aunque Kimura nunca se lo ha pedido, los miembros del club salen fuera después de cada sesión y limpian su aparcamiento.

Kimura cobra 30$ al año, unos 60 centavos a la semana, sólo lo suficiente para pagar los picnics del club y los accesorios tales como los sacos para golpear. Él no gana un céntimo. No se anuncia. No desea la fama. No quiere campeones ni vacilones.

"Entrevisto a todo el que quiera formar parte de esto", dice. "Si quieren ser campeones les digo que no puedo ayudarles, pero si quieren compañerismo y quizás ser mejores personas entonces puede que tengamos algo para ellos".

Kimura enseña aquello que Lee le enseñó durante sus años en Seattle, entre 1959 y 1964. El estilo de Lee siempre estaba evolucionando, pero su creación tomó forma aquí. Kimura enfatiza el lado filosófico de Lee, oculto a la visión popular por su alarmante velocidad, potencia y gracia.

Kimura dice que tiene dos pies izquierdos y no sabe tanto, pero cualquiera que haya sentido la fuerza de su puño controlado o le haya visto realizando un combate en distancia corta llamado "manos pegajosas" sabe que eso no es cierto. Chris Sato, uno de sus instructores asistentes, conoció a Lee y dice que es la pureza del propósito de Kimura lo que convierte a este club en único.

"Taky siente una proximidad y una responsabilidad hacia Bruce", dice Sato. "Enseña sin la polución del dinero o los cinturones. Es divertido, pero cuando bajas por esas escaleras y accedes a este modesto sótano te sientes honorado por estar escuchando las palabras de Bruce".

ausente11.jpg (25660 bytes)

Lee fue tanto un rebelde como un pragmático. Tomaba prestado de todo tipo de disciplinas de lucha, incluido la esgrima y el boxeo. Incorporaba aquello que funcionaba y desechaba lo que no. Criticó los sistemas de lucha establecidos por ser demasiado rígidos, restringidos y poco prácticos para la calle. Él, a cambio, fue criticado por algunos artistas marciales por falta de respeto.

Finalmente creó su propio estilo, el Jeet Kune Do, pero se negó a llamarlo estilo porque temía que una vez que lo hiciese, se convertiría en una limitación. Esperaba que sus alumnos usaran los principios que él les proporcionaba y luego experimentaran, usando únicamente las partes que funcionaran para ellos.

Kimura, no obstante, se preocupó por que instructores que nunca tuvieron contacto con Lee se alzasen como expertos en Jeet Kune Do. Hace 3 años, ayudó a iniciar el Núcleo del Jun Fan Jeet Kune Do, un grupo familiares de Lee, estudiantes clave y amigos, dedicados a asegurarse de que los principios de su arte no se fragmentasen demasiado.

"Me preocupaba que algún día la gente dijese, '¿Qué demonios estaba enseñando este tipo Bruce Lee?'. Bruce revolucionó las artes marciales. Le debemos el perpetuar el sistema tal y como él lo concibió".

Los dos hombres eran extremos opuestos cuando se conocieron aquí a finales de 1959.

Lee tenía 19 años. Había crecido en Hong Kong y llevaba en Seattle menos de un año. Luchó con la cultura y la lengua americana, pero estaba seguro de su destreza en las artes marciales, exquisita incluso entonces. Era descarado y seguro de sí mismo, ambicioso y centrado.

Kimura tenía 36 años, nacido y criado en Clallam Bay, en la punta noroeste de la Península Olympic. Trabajaba con sus padres, hermanos y hermanas en el mercado de First Hill que ahora posee. Todavía no se ha recuperado de los años que pasó en un campo de internamiento durante la 2ª Guerra Mundial. El gobierno de los Estados Unidos desarraigó a Kimura y su familia el día antes de graduarse en el instituto.

"Mis padres solían decirnos de niños que no esperásemos ser más que simples ciudadanos de segunda categoría aquí y yo solía discutir con ellos sobre el tema", dice Kimura. "Entonces, en un chasquido de dedos, ocurrió. Todos aquellos años posteriores seguí sin sentirme igual a los demás. Si notaba a alguien caminando detrás mía por la calle tenía que parar, apartarme y dejarle pasar".

Lee nació en San Francisco mientras sus padres estaban de gira con una compañía de ópera china, por lo que tenía la ciudadanía estadounidense. Algunos relatos dicen que sus padres lo enviaron a América porque se estaba metiendo en muchas peleas callejeras en Hong Kong.

Era un actor nato. Actuó en 20 películas chinas de joven y ganó el campeonato de Hong Kong de cha-cha-cha de adolescente. Era un genio del movimiento, capaz de copiar, perfeccionar y explicar virtualmente cualquier movimiento, incluido el ballet, casi inmediatamente. Era hiperactivo y presumido y rápidamente llamó la atención aquí realizando una serie de demostraciones de artes marciales en festivales y escuelas.

Kimura, que estaba estudiando judo, oyó hablar de sobre Bruce y decidió ver de qué trataba el asunto. Cuando se conocieron Bruce ya tenía cinco o seis alumnos informal, muchos de ellos tipos duros de la calle que conoció en la Escuela Técnica Edison en Capitol Hill. Practicaban en parques, aparcamientos, gimnasios públicos, en cualquier lugar en el que encontrasen espacio. Lee no cobraba; eran sus amigos y aprendía de ellos cómo adaptar su estilo contra los luchadores de estilo occidental. Lee medía sólo 1’70 y pesaba 58 kgs., pero pegaba como un peso pesado.

La primera vez que se encontraron, Lee le lanzó una serie de puñetazos ultra-rápidos, deteniendo cada uno de ellos a unas pulgadas de la cara de Kimura. Kimura se sintió intimidado a la vez que fascinado. Se unió al grupo, pero se planteó no salir por ahí con ellos después de los entrenamientos. Lee era demasiado frenético, demasiado adolescente para él.

Poco a poco, Kimura comenzó a escuchar a Lee, impresionado no sólo con el taoísmo que podía destilar, sino por lo directas y aplastantes que eran sus observaciones. Lee era sincero, incluso cruel a veces, y casi siempre tenía razón. Podía diseccionar no sólo un movimiento, sino también una actitud.

Lee construyó a Kimura, repitiéndole continuamente que no era peor o mejor que cualquier otro. Una vez que estableces un límite, decía Lee, estás condenado a adherirte a él. Pero para Kimura, fue la inquebrantable confianza de Lee lo que le hacía tan hipnotizante.

Lee se mostraba firme sobre el hecho de cambiar el estereotipo americano de que los asiáticos como gente dócil, pero también enfadó a algunos miembros de la comunidad china de artes marciales porque insistía en enseñar las técnicas a los blancos.

Durante los primeros años aquí, Lee vivió en una minúscula habitación encima de un restaurante en Broadway propiedad de Ruby Chow, una amiga de la familia y posteriormente una concejala de King County. Trabajó en su restaurante y llenó los periódicos con propaganda en la sala de correo del Seattle Times. Asistió a la Universidad de Washington, donde estudió filosofía.

ausente07.jpg (28183 bytes) Cuando Lee finalmente abrió su primera escuela formal de gung fu en Seattle, los amigos a los que había estado enseñado gratis optaron por no seguir. No querían empezar a pagar por ello o tener que llamar a su amigo, Bruce, "sifu (maestro)".

Kimura continuó y Lee le convirtió en su instructor asistente. Kimura sostenía el saco de golpeo en sus demostraciones. Lee golpeaba a Kimura con su famoso "puñetazo de una pulgada" y arriesgaba sus orejas con el nunchaku (bastones unidos por una cadena). Lee era tan bueno que solamente lastimó a Kimura una vez.

Cuando Lee se casó con Linda Cadwell, una graduada del instituto Garfield, Kimura fue el padrino. Cuando Lee se mudó a Oakland en 1964 Kimura administro su club del distrito University enviando todo el dinero a Lee.

Kimura cerró el club en 1967 o 1968, cuando Lee consiguió el papel de Kato en "El Avispón Verde" (The Green Hornet), y comenzó a dar clases de artes marciales a estrellas de Hollywood tales como Steve McQueen y James Coburn por 275$ la hora.

La serie de televisión sólo duró un año. Aunque Lee dejó una buena impresión como Kato, Hollywood no le ofreció papeles protagonistas, por lo que volvió a Hong Kong, donde realizó una serie de películas baratas de artes marciales, pero clásicas que le convirtieron en una estrella allí.

Mientras Lee se hacía famoso, Kimura se convirtió en el primer importador de mandarinas japonesas de Estados Unidos desde la 2ª Guerra Mundial. Sus dos hermanos invirtieron más de 15 años y 100.000$ en allanar el terreno, pero ambos murieron antes de que el negocio se cerrase. Kimura lo continuó y se aseguró de que se realizara. Pocos años después, también se convirtió en el primer importador de un tipo de peras japonesas.

Dice que no podría haber llevado a cabo el proyecto, el cual involucraba a dos gobiernos, restricciones comerciales, políticas y negociaciones, si Lee no le hubiese dado auto-confianza.

Lee continuó mostrando a Kimura algunas de sus últimas técnicas, así como pidiéndole consejo sobre negocios. Le ofreció a Kimura un papel como enemigo en "Juego Con la Muerte" (The Game of Death), pero el comerciante lo rechazó alegando que era demasiado viejo y no lo suficientemente bueno.

Menos de un año después, Lee murió repentina y misteriosamente de un edema cerebral (inflamación del cerebro) el 20 de julio de 1973, tan sólo unas semanas antes de que su primera película americana, "Operación Dragón" (Enter the Dragon), fuese estrenada. La película fue un éxito y le convirtió en un icono a nivel mundial.

Kimura se encontraba trabajando en su tienda cuando escuchó las noticias. Lee era el mejor atleta, la persona más indestructible había conoció y su temprana muerte aumentó la leyenda y fama de Lee. Inmediatamente, Kimura volvió a sus propias raíces, convirtiendo el sótano de su club privado en un centro de entrenamiento, enseñando lo que él sentía que era Bruce realmente.

El auténtico Lee, dice Kimura, era más grande que el mito.

ausente05.jpg (18052 bytes)

Podía estar a un metro de ti, avisarte de que iba a acercarse y después tocar tu rostro antes de que pudieses siquiera mostrar miedo. No necesitaba trucos de cámara. Su arte marcial se cimentaba en una filosofía flexible. Es por eso por lo que todavía no ha sido reemplazado.

Algunos de los otros alumnos de Bruce de Seattle todavía están involucrados en las artes marciales. Jesse Glover, su primer alumno, enseña gung fu en su propio club privado, en el áera de Pioneer Square. Jim DeMile dirige un Dojo en Aurora Avenue North y viaja por el mundo enseñando defensa personal. Ambos son muy leales a Lee a su propia manera, pero ninguno de ellos resultó tan afectado cuando se encontraron con él como Kimura.

ausente09.jpg (33653 bytes) Kimura no solo ha pasado todos estos años fomentando el legado de Bruce, sino que también ha involucrado lentamente a su hijo de 26 años, Andy, en el Núcleo y en el club de los lunes por la noche.

"Puedes hacer muchas cosas para crear una imagen, pero cuando te acuestas por la noche eres quien realmente eres", dice Andy Kimura, que planea mantener activo el club. "Mi padre sabe quien es y cuál es su misión en la vida".

Gente de todo el mundo sigue arreglándoselas para encontrar a Kimura y preguntarle sobre Bruce Lee. Él siempre intenta hacerles un hueco y ocasionalmente les hace un tour: el primer club de gung fu, la iglesia del Distrito University donde Lee se casó, el restaurante donde sus primeros alumnos se reunían para el dim sum y, por supuesto, la tumba.

"Estoy muy sorprendido por como la gente viene aquí y se pone nerviosa al conocerme porque yo era un amigo de Bruce", dice Kimura. "Yo le digo: 'Sólo soy un anciano'".

Quizá ven a un anciano con un pequeño Bruce Lee en él, o a un anciano que, manteniéndose fiel a una amistad, ha logrado vivir una vida que vale la pena recordar.